Lateralidad cruzada

La lateralidad es la preferencia por un lado del cuerpo tanto a nivel perceptivo como motor. Generalmente hablamos de personas diestras o zurdas para referirnos a la dominancia manual, y en esta se encuentra una mayoría de diestros (en torno al 90%; en el 10% restante hay más varones que mujeres). Pero también mostramos preferencia para oír, para ver y para utilizar un pie (siendo superior al 10% de zurdos manuales); solo hay un pequeñísimo porcentaje de personas ambidextras (en niños pequeños, porque la mayoría hasta que son algo mayores no  tienen definida su lateralidad, otros que han tenido que desarrollar su mano no dominante por algún problema y han alcanzado un gran dominio y los ambidiestros “reales”, que tienen un elevado control con ambas manos).

La lateralidad homogénea se refiere a que la preferencia de todo el cuerpo sea la misma, ya sea diestra o zurda. Pero en ocasiones nos encontramos con lateralidad cruzada, es decir, que parte es diestra y parte es zurda (por ejemplo, diestro de mano, pie y oído y zurdo de ojo).

En muchos casos llegan niños para evaluación por una determinada dificultad (generalmente relacionadas con la lectura y la escritura, aunque también con las matemáticas y el cálculo, la atención, con el bajo rendimiento escolar en general, etc.) y estableciendo que la causa es que el niño tiene lateralidad cruzada. Esta explicación proviene en algunos casos de que lo han leído por internet o se lo ha dicho otro papá y en otros casos porque así viene diagnosticado de profesionales de la educación o la salud.

Esta idea de que la lateralidad cruzada causa problemas cognitivos surgió hace muchos años porque en los estudios que se hacía a niños con las dificultades anteriormente nombradas se observaba que había un relativo alto porcentaje de niños con lateralidad cruzada. Lo que no se estudiaban era si este porcentaje era significativamente superior a los niños que no mostraban estas dificultades y, sobre todo, la relación causal: puede que la lateralidad cause los problemas, también puede que los problemas causen la lateralidad cruzada (aunque en la mayoría de las dificultades se define antes la lateralidad de lo que surgen los problemas) pero también podría ser que una tercera variable causase ambas dificultades (por ejemplo, si toso y tengo fiebre, la tos no causa la fiebre, sino que ambas las causa, por ejemplo, un virus –y, de hecho, si le doy un antitusivo, no bajaré la fiebre–). Cuando se leen estos estudios, en algunos casos hay problemas metodológicos (por tanto, las conclusiones no tienen por qué ser reales) y, en muchos otros, se sacan conclusiones más allá de los resultados que se han encontrado (y que la ciencia no permite sacar, necesita de más estudios).

El problema de establecer (si esto no es real) que la causa de un determinado problema es la lateralidad cruzada es que el tratamiento se centrará en cambiar esa dominancia (lo que, por cierto, no es nada fácil, si es que es posible). Esto implica una cantidad enorme de tiempo por parte del niño y también de la familia, un esfuerzo importante y, nada desdeñable, un gasto de dinero elevado; pero sobre todo (y partiendo de la premisa de que la lateralidad cruzada no causa estos problemas, como luego veremos) impide que no se realice una intervención eficaz y basada en conocimiento científico, que da mejores resultados cuanto más joven es el niño.

¿Y qué dice actualmente la ciencia? Cuando se busca información sobre este tema (en artículos científicos, obviamente; en los blogs se puede encontrar de todo y lo contrario), se encuentran artículos a favor y en contra. Pero cuando hay muchos estudios sobre algo, hay una estrategia estadística para agrupar todos los estudios, consiguiendo una muestra mucho más grande y, por tanto, que las conclusiones sean más fidedignas con la realidad: esta estrategia es el metaanálisis. En la actualidad, hay un metaanálisis (no he encontrado más) que recoge y analiza todos estos estudios (con una muestra de más de 3.500 niños) y la conclusión final es que no hay relación entre la lateralidad cruzada con el rendimiento escolar en general, la lectura, la aritmética u otras capacidades específicas o con la inteligencia.  Si queréis acceder al artículo (en inglés), podéis pinchar AQUÍ o abajo donde está referenciado el metaanálisis.

Por tanto, mientras se pensaba que esta era la causa (de manera correcta o incorrecta) pero no había otra cosa, se entiende que se intentase mejorar las dificultades con la única teoría que había. Pero el estado actual de conocimiento indica que no hay relación, por lo tanto, no tiene sentido ni establecer como diagnóstico o causa la lateralidad cruzada para explicar otras dificultades ni hacer terapias (pseudocientíficas, puesto que no hay datos que lo avalen) para tratar este tema. En cambio, sí hay otras teorías que actualmente tienen base científica sobre relaciones causales para explicar la dislexia, el TDAH y otros problemas que afectan a la vida de nuestros niños y cuyas intervenciones también muestran mejoras (científicamente, no aquellas en el parque o en los blogs de “mi hijo ha mejorado mucho”).

Como conclusión, la lateralidad cruzada en sí misma no es un problema y, sobre todo, no se puede considerar la causa de otros problemas cuando coincide con ellos; por tanto, cuando nuestro hijo tiene lateralidad cruzada (tenga o no otros problemas) no se debe corregir (igual que no se corrige la zurdera y actualmente nos parecería una auténtica locura).

 

Metaanálisis:

Ferrero, M., West, G. y Vadillo, M. A. (2017). Is crossed laterality associated with academic achievement and intelligence?A systematic review and meta-analysis. PLoS ONE 12(8): e0183618. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0183618

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