DETERIORO COGNITIVO LEVE

Hace años, únicamente se distinguía entre envejecimiento normal o sano y demencia, pero desde hace unas décadas se ha introducido una categoría intermedia: el deterioro cognitivo leve (DCL). Se considera una condición patológica y se refiere a un deterioro más allá del esperado para el envejecimiento normal pero que no compromete significativamente las actividades de la vida diaria (siguen manteniendo la independencia, si bien necesitan ayudas mínimas, más tiempo para hacer las tareas, pueden ser menos eficientes y cometer más errores) y, por tanto, no es suficiente para cumplir los criterios de demencia. 

Este término ha ido cambiando gradualmente desde que se introdujo (a finales de la década de los 80). Casi desde el inicio, se asoció a los problemas mnésicos que superaban los esperados para el envejecimiento normal pero con el resto de funciones cognitivas intactas y que precedían a la enfermedad de Alzheimer. Posteriormente, el concepto se ha ampliado y recoge, por un lado, un deterioro mnésico que no siempre progresa hacia el Alzheimer y, por otro, otros tipos de dominios afectados (lenguaje, funciones ejecutivas, visopercepción, etc.) que también pueden predecir otros tipos de demencias. Por tanto, actualmente se diferencia entre DCL amnésico (que es el más estudiado) y DCL no amnésico, cuando la memoria está preservada; a su vez, podemos distinguir si es de dominio único (si solo hay una capacidad cognitiva afectada) o de dominio múltiple (si son varias las capacidades que se han deteriorado). 

Aunque la propuesta inicial para el DCL lo consideraba como un paso previo a la demencia, actualmente se sabe que hay un porcentaje de personas en las que no es así: en algunos casos es reversible y parece relacionado con depresión o efectos secundarios de medicamentos; otro porcentaje se mantiene en este deterioro sin progresar a demencia, aunque son aspectos que todavía están en estudio y se debe estudiar más y con estudios longitudinales más largos para ver el progreso a largo plazo. Cada año, en torno al 10-15% de los casos de DCL evolucionan a demencia. Por tanto, ante un diagnóstico de DCL no está claro cuál va a ser la evolución.  

Para el diagnóstico de DCL se requiere una evaluación neuropsicológica que objetive las alteraciones cognitivas de las que generalmente el sujeto se queja (o personas cercanas). Específicamente, su funcionamiento se encuentra entre 1 y 1,5 desviaciones típicas por debajo de lo esperado para su edad y nivel educativo.

Hay algunos tratamientos que pueden reducir la incidencia del DCL, mejorar sus síntomas y retrasar la aparición de la demencia. Entre ellos se encuentran tratamientos farmacológicos, pero también no farmacológicos, como la estimulación cognitiva, el ejercicio físico, dieta mediterránea y control de los factores de riesgo vascular.

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