Mi hija de 2 años casi no dice palabras ¿debo preocuparme?

Mi hija de 2 años casi no dice palabras ¿debo preocuparme?

Pregunta P.

Esta consulta es de una mamá amiga mía que tiene una peque que apenas dice 10 palabras con dos años ya cumplidos (papá, mamá, nene, pan, agua, teta, perro -por su onomatopeya- y hola); ha acudido al pediatra y le ha dicho que no es preocupante, que cada niño tiene su ritmo y que ya hablará y le levantará dolores de cabeza (todo ello sin hacer una valoración, cuestionario, screening de otras áreas relacionadas, etc.).

Este tipo de recomendaciones en el vacío hechas por un pediatra que te ha visto menos de cinco minutos y no ha valorado otras áreas es muy preocupante, por dos motivos: el primero es que no tienen base científica y es lo que desarrollaré a continuación; el segundo es que la confianza que depositamos en un médico es muy elevada (y con razón, en un alto porcentaje de casos) y, por tanto, casi siempre descarta pedir una segunda opinión.

Centrándome en el primero de los puntos, los pediatras tienen acceso a diferentes guías, como por ejemplo la elaborada por Guía Salud, del Sistema Nacional de Salud, u otra de la AEPap (Asociación Española de Pediatría de atención primaria) donde se establecen cuáles son los signos de alerta por edades. No es una evaluación formal, únicamente es un screening que se pasa por medio de un cuestionario a los padres y se valoran qué hitos (en diferentes áreas) tienen que tener adquiridos para, en caso negativo, poder derivar o informar de que hay un retraso o una alteración. Puede ser más o menos urgente o grave, pero los padres tienen el derecho (y la obligación) de estar informados para tomar las medidas que consideren oportunas o, simplemente, para pedir información a un especialista (en muchos casos además no se sabe la gravedad de este retraso o alteración hasta que haya una valoración o hasta que pase el tiempo, pero eso el pediatra no lo sabe). 

Centrándonos en el tema del lenguaje, lo que actualmente se sabe es lo siguiente:

Hay un porcentaje de niños que muestran un retraso en el lenguaje, con un menor número de palabras de las esperadas. De manera específica, se establece que este inicio tardío ocurre cuando el vocabulario expresivo es menor a 50 palabras y no hay combinación de dos palabras a los dos años (a veces se añaden otros criterios, pero en un primer screening y como información inicial para los padres, esto es suficiente); esto no debe ser consecuencia de otras condiciones, como hipoacusia u otros trastornos como autismo (aunque también puede ser que a esta edad no se hayan detectado estas otras dificultades y, por tanto, son hitos que nos permiten derivar y poder detectarlo; de ahí también la importancia de que el médico haga el screening para derivarlo y que un profesional adecuado pueda hacer un diagnóstico diferencial -si es que es posible, aunque esto es otro tema-). 

¿Qué ocurre en el futuro con estos niños que presentan retraso en la adquisición del lenguaje?

Suponiendo que no es una dificultad derivada de otros problemas, sino que es únicamente el lenguaje (estamos hablando de, aproximadamente, un 10% de niños que muestran inicio tardío del lenguaje), algo más de la mitad desarrollarán el lenguaje de manera normal, y por tanto, este inicio tardío será consecuencia de las diferencias individuales o de una menor estimulación lingüística. En cambio, queda un 40% de niños que en el futuro se confirmará que tienen un trastorno específico del lenguaje o TEL (algunos pueden tener otros diagnósticos más infrecuentes que pueden comenzar igual). El problema es que no se conoce actualmente ninguna diferencia entre los niños que evolucionarán favorablemente y aquellos que posteriormente se confirmará que este retraso era consecuencia de un trastorno del lenguaje (aunque se está avanzando con estudios científicos en esta dirección y con suerte en unos años se puedan diferenciar). Hay algunos indicadores, pero son poco precisos, favoreciendo tanto los falsos positivos como los falsos negativos. 

Por tanto, con dos años no se puede establecer el diagnóstico de TEL (habría más falsos negativos que diagnósticos correctos), hay que “esperar” hasta los 4 o 5 años (a los 4 años sería un diagnóstico probable y a los 5 un diagnóstico definitivo -si ha habido una adecuada intervención y, sobre todo, una adecuada evaluación-). Pero ese esperar no es dejar pasar el tiempo y cuando se tenga el diagnóstico intervenir; se puede intervenir antes del diagnóstico (el diagnóstico no deja de ser una etiqueta que facilita la comunicación, pero lo realmente importante para una intervención es la descripción de los puntos débiles y fuertes en el lenguaje del niño) y la intervención temprana es muy importante. Entonces, ¿deben preocuparse? ¿Qué se debe hacer en estos casos?

La respuesta a estas preguntas ya SÍ es algo personal. Los padres tienen la información y ellos deciden informados. 

¿Mi opinión?

Acudid a un profesional y que os dé más información de si hay que hacer un diagnóstico diferencial, del posible pronóstico, de la posible intervención, etc. (además en muchos casos la primera consulta es gratuita). Es posible que os sugieran una evaluación o, al menos, un screening en más detalle (hay que recordar que el lenguaje o el habla puede alterarse de manera única o junto a otros aspectos que, en ocasiones, son más sutiles y podría tratarse de problemas más graves). Independientemente de cómo se haga esta parte intermedia, puede haber una intervención pero, a diferencia de otras, esta no es una intervención “típica” donde el profesional trabaja x días con el niño durante un período de tiempo; en estos casos se les enseña a los padres herramientas para mejorar el lenguaje de su hijo en el día a día (generalmente, aunque puede haber casos donde se haga otro tipo de intervención, pero esto es lo más común y lo que científicamente está demostrado que tiene mejores resultados). Estos cambios, en los casos en los que el inicio tardío no fuese a suponer un problema en el futuro no tiene consecuencias negativas (sino al contrario); es más, si se aplica no podemos saber si tiene vulnerabilidad para desarrollar un problema pero la intervención lo ha evitado. Pero en los casos que realmente tienen un trastorno, este tiempo es muy valioso: de manera resumida, los niños que tienen dificultades para aprender palabras tienen, obviamente, un menor vocabulario; con el tiempo, también se afecta la sintaxis pues los niños se centran más en las palabras de contenido (como verbos, nombres, adjetivos) que en las palabras de función (determinantes, conjunciones, preposiciones…) por lo que en el futuro tendrán dificultades también para hacer frases y estas serán más telegráficas; les costará contar experiencias y relatos y, al final, todo su lenguaje expresivo se puede ver comprometido (lo que a su vez puede afectar a sus relaciones sociales, al ámbito emocional y conductual, etc.). 

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