JUEGOS: Time’s up

JUEGOS: Time’s up

Os presento un juego que “no conocía” y que me parece genial para tener en todas las casas: es muy entretenido, se pueden hacer muchas variaciones para no aburrirse cuando ya se le han dado unas cuantas vueltas a las cartas y alguno se las empieza a saber, permite jugar con niños de distintas edades (a partir de 3/4 años en adelante) y los adultos tampoco se aburren.

Ponía las comillas lo de que no lo conocía porque nosotros llevamos años jugando a este juego pero con alguna diferencia: lo llamábamos “papelitos” y no era comprado, jugábamos cuando nos juntábamos amigos o familia y, aunque variaban algunas normas, básicamente es el mismo juego (en lugar de dibujos, como éramos todos adultos, escribíamos la palabra). Además tenía más rondas que este para niños (definición, una palabra, mímica y, dependiendo el grupo de juego, sonidos).

 

Voy a explicar, en primer lugar, cómo se juega según las instrucciones oficiales y, después, cómo suelo jugar con mis niños y sus hermanos y padres. 

 

El juego está compuesto por un taco de 220 cartas y un reloj de arena de unos 20 minutos.

Se cogen 20 cartas sin mirar y se comienza la primera ronda, poniendo el tiempo en marcha: por turnos (o solo los adultos si los niños son peques -esto según las instrucciones, pero recomiendo que los niños lo intenten-) se cogen las cartas y se tienen que definir las imágenes. Cuando se acaban las cartas se para el reloj, se barajan y se comienza la siguiente ronda, poniendo de nuevo en marcha el reloj, hasta que se acabe el tiempo; en esta segunda ronda hay que conseguir que los demás acierten la palabra únicamente haciendo mímica. Al ser cooperativo, se gana si en la segunda ronda se consiguen hacer todas las palabras (también se puede no proponer ganar o perder, es un juego muy divertido simplemente jugando e intentando hacer todas las que se pueda). 

 

A este juego en el despacho, si somos al menos 4, juego de manera competitiva, aunque de forma muy parecido al juego original: hay dos equipos; se cogen un puñado de cartas (la cantidad depende más del tiempo que tengamos que de otra cuestión) y en lugar de reloj de arena usamos un cronómetro. Igualmente, la primera vuelta que se le da a las cartas es con la definición, pero cada equipo tiene un tiempo (yo uso 45 segundos) para intentar hacer todas las palabras que pueda; cuando acaba el tiempo, le toca al otro grupo y siempre que sigan quedando cartas se sigue la misma ronda pero alternando los equipos. Cuando se acaban las cartas se barajan y se comienza la siguiente ronda, haciendo mímica (o mímica y sonido, como se establezca al inicio del juego), con la misma dinámica. Gana el jugador con más puntos (cartas acertadas) cuando se acaben las dos rondas. A veces, si tenemos tiempo, incluimos una ronda entre medias en la que se debe decir una única palabra para conseguir que tu equipo acierte.

 

Es un juego muy completo a nivel de exigencias cognitivas. Las principales funciones cognitivas que pone en marcha (y que en el caso de intervención se busca estimular) son las siguientes:

  • el lenguaje es primordial en varios de sus componentes: por un lado, se debe tener el vocabulario para saber el nombre del objeto y acceder de manera rápida a él cuando sabemos el objeto que nos están definiendo o gesticulando; pero en nuestro turno, debemos ser capaces de describir de manera adecuada para que nuestro equipo lo acierte. Esta capacidad es difícil con niños pequeños, ya que no utilizan las categorías semánticas a las que pertenece el objeto (si aparece un pingüino no suelen empezar diciendo que es un animal), suelen describir lo que ven y no los aspectos básicos que lo diferencian de otros objetos (ante un elefante dirán que tiene cuatro patas en lugar de indicar que tiene trompa, si aparecen unas tijeras naranjas dirán que es algo naranja, etc.), pero poco a poco irán aprendiendo y mejorando su capacidad de razonamiento verbal o por el propio juego los demás le harán preguntas para que se centre en lo importante e irá aprendiendo (es realmente gracioso jugar con peques a este juego).
  • inhibición conductual: por un lado no podemos decir el nombre del objeto cuando lo tenemos que definir y, cuando se juega de manera competitiva, tampoco lo podemos decir si sabemos lo que es pero no es nuestro turno. Esta capacidad también se pone mucho en juego si añadimos la ronda de “una sola palabra” porque no se puede decir lo primero que se nos venga a la cabeza (luego no se puede cambiar la palabras y una mala palabra puede conllevar perder todo el tiempo de una ronda) y porque a la hora de decir la palabra en voz alta no se le pueden añadir determinantes u otras palabras (lo que también requiere conciencia fonológica en los niños, aunque con niños pequeños estos errores se pueden “perdonar” ya que evolutivamente pueden no tener claro dónde comienzan y terminan las palabras).
  • Requiere flexibilidad mental, ya que hay que cambiar rápidamente de un objeto a otro en cuanto se acierta y también cambia continuamente qué persona define/hace mímica y quién acierta. Y en la segunda ronda a veces la mímica puede corresponderse a varias palabras y si decimos uno de ellos y no es, no hay que perseverar e debemos intentar recordar qué otra cosa puede tener esa mímica. Igualmente, si estamos definiendo una carta o haciendo su mímica y nuestros compañeros de equipo no lo aciertan, no podemos insistir en lo mismo, ya que esa pista no sirve, tenemos que buscar otra manera. 
  • la memoria episódica es muy importante en este juego, pues en la segunda ronda aparecen las mismas palabras que se han dicho anteriormente, por lo que debemos recordarlas y también saber cuáles han salido ya en esta ronda.
  • Y aunque siempre es un factor importante, en este juego se requiere una buena capacidad de atención sostenida, incluso cuando no es nuestro turno (pues las palabras que le salgan al otro equipo nos pueden aparecer a nosotros en la siguiente ronda). Aún así, se puede jugar bien con niños pequeños que todavía no la tienen muy desarrollada por varios motivos: primero, porque los turnos de 45 segundos (al menos jugando de manera competitiva) son asequibles para ellos y aunque luego hay que seguir atendiendo, hay un pequeño lapso en el intercambio de equipo que permite desconectar y volver a conectar; además la participación activa y los cambios lo facilitan, pero a su vez el turno de los oponentes es más exigente porque sin hacer nada, debemos estar atentos. 

Por si os ha gustado la dinámica pero en casa vuestros niños son más mayores, tenéis otros juegos de la colección, variedades competitivas con diferencias en la dificultad, temática y rondas. Estos son:

  • Time’s up party (amarillo): creo que fue el original, con personajes.
  • Time’s up family (verde): para niños ya lectores donde aparecen objetos cotidianos, animales, profesiones, etc.
  • Time’s up academy (negro): la temática son películas, novelas, canciones, etc. 

Y como he dicho anteriormente, también se puede generar con unos simples papeles, unos bolis, un bol donde echar los papelitos y un cronómetro. Se puede hacer temático o con las palabras que cada uno tenga, se puede hacer dibujando si los niños no son lectores (lo cual alarga el juego, es posible que en algunos casos no se sepa qué es el dibujo y asegura mucho más entretenimiento y disputas divertidas para llegar a acuerdos). 

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