Conciencia fonológica: definición y desarrollo

La conciencia fonológica es el conocimiento consciente de la estructura sonora del lenguaje oral, es decir, que las palabras están compuestas de unidades de sonido, así como la capacidad para reflexionar sobre, y manipular, las subunidades del lenguaje hablado (como las palabras, las sílabas y los fonemas). Es decir, es la capacidad para saber dónde empiezan y dónde acaban estas unidades, cuántas palabras hay en una frase o sílabas o fonemas en una palabra, poder quitar, añadir o mover una de ellas, etc.

Correlaciona con la adquisición de la lectura, tanto antes de su aprendizaje como cuando ya se ha producido; es decir, los niños con mejor conciencia fonológica ejecutan mejor las tareas de lectura y escritura (tanto si se evalúa antes de que aprendan a leer y a escribir como si ya han aprendido).

Hay una relación causal: si se interviene para mejorar la conciencia fonológica, además de esta, también mejora el lenguaje escrito o su adquisición posterior.

En los primeros años de preescolar, los niños solo son capaces de utilizar el lenguaje como herramienta de comunicación (es decir, sólo se pueden centrar en su significado). Posteriormente comienzan a ser más sensibles a esa estructura y progresa en una secuencia relativamente estable.

Esta secuencia que se produce en el desarrollo normal es la que se debe seguir en los programas de intervención de conciencia fonológica, porque marca la dificultad de las tareas:

Tamaño de las unidades: la dificultad aumenta cuanto menores son las unidades con las que se trabajan. Es decir, es más fácil las unidades grandes como la palabra; posteriormente, con una dificultad intermedia se encuentran las sílabas y, por último, es más difícil ser consciente o manipular los fonemas. Dentro de la conciencia fonémica, no todos los fonemas tienen la misma dificultad para identificarlos y manipularlos, tanto por el propio fonema como por la sílaba en la que se encuentra. Por otro lado, en el desarrollo de la conciencia fonémica contribuye el aprendizaje de la lectura y la escritura (tienen una relación bidireccional).

Tipo de tarea: son más fáciles las tareas que simplemente requieren identificar que las que requieren manipular fragmentos del lenguaje; por ejemplo, es más fácil reconocer si una palabra empieza por una determinada sílaba que descubrir qué palabra queda si se añade una determinada sílaba (si a silla le añade delante la sílaba “me”).

Posición del fragmento con el que se trabaja: las tareas más fáciles requieren trabajar con la sílaba o fonema inicial y final mientras que las tareas más difíciles son las de los fragmentos de en medio.

Teniendo en cuenta estas tres variables se deben graduar las tareas para ajustar la dificultad de la tarea a las capacidades del niño e ir progresando de manera paulatina de manera que los aprendizajes se consoliden. El nivel de dificultad que se trabaja no se establece por la edad que tiene el niño y el desarrollo de conciencia fonológica que corresponde a esa edad, sino el nivel real del niño.

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