El punto ciego de nuestros ojos

Hasta que no nos lo dicen, no sabemos ni somos conscientes de que tenemos un punto ciego en cada ojo, es decir, una zona que no vemos, también denominada papila o disco óptico. Y no lo pasamos por alto porque sea especialmente pequeño; de hecho, su tamaño abarca unos 4ᵒ (para tener un ejemplo más tangible, la visión de la luna ocupa medio grado, por lo que si fuese ocho veces más grande y mirásemos con un solo ojo, podríamos no verla si “cae” en el punto ciego).

Entonces, ¿por qué no percibimos ese agujero en el que falta percepción? Por un lado, porque la zona que no vemos con cada ojo es diferente y la información visual que no ve uno lo suple el otro. Tampoco nos damos cuenta cuando miramos con un solo ojo porque la información faltante la rellena el cerebro según la información visual contigua. Actualmente se sabe que no percibimos la realidad, sino que nuestro cerebro reconstruye las sensaciones percibidas para ofrecernos una reconstrucción de la realidad, y hay muchas evidencias de esto (como las ilusiones ópticas).

Este punto ciego existe porque hay una zona de la retina que no tiene células sensibles a la luz (conos y bastones), justo por donde sale el nervio óptico hacia el cerebro.

Esto ocurre en los vertebrados, pero no todos los animales tienen punto ciego, por ejemplo, el pulpo carece de él.

La dificultad para notar este punto ciego hizo que no se descubriera hasta el siglo XVII y no fue un descubrimiento a partir de la percepción directa, sino a partir de la disección de un ojo humano. El médico Edme Mariotte observó que una zona no tenía fotorreceptores y predijo este punto ciego y se diseñaron experimentos para evidenciarlo. Se cuenta que Mariotte le hizo un “truco de magia” a uno de los cortesanos del Rey Sol de Francia: colocó una moneda a la vista y, aprovechándose de su punto ciego, la hizo desaparecer.

La manera de comprobar nuestro punto ciego es el siguiente: pintamos en una hoja un punto y una cruz (o cualquier figura) como las que aparecen en el dibujo inferior. Se sujeta el papel con el brazo extendido y se cierra uno de los ojos y con el otro se mira la figura de su lado. Se mueve el papel lentamente hacia delante y, en un momento dado, el punto (o la cruz, dependiendo del ojo cerrado) desaparecerá. Puesto que alrededor solo hay fondo blanco, nuestro cerebro rellena el punto ciego con más fondo blanco.

Pero si cambiamos el fondo como en la siguiente imagen, el cerebro rellena el punto ciego con otro tipo de información.

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