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Problemas de aprendizaje

Introducción

El lenguaje es una función cognitiva compleja y cuyas alteraciones pueden encontrarse de manera independiente o conjuntamente en la expresión y/o en la comprensión de los distintos componentes: fonética/fonología (sonidos del lenguaje), morfología (tipos de palabras), sintaxis (relación entre las palabras de una oración), semántica (significado de las palabras) y pragmática (uso del lenguaje en un contexto social).

Las dificultades del lenguaje pueden deberse a un retraso o a un trastorno del lenguaje. El retraso del lenguaje se refiere a una evolución lingüística paralela a la estándar, pero correspondiente a una etapa anterior en comparación con su edad cronológica; en cambio, el trastorno del lenguaje es un patrón de desarrollo diferente del desarrollo evolutivo normal con errores distintos a los usuales en el proceso de adquisición.

Estas alteraciones del lenguaje pueden presentarse de manera específica o junto con la alteración de otras funciones.

1. Dificultades en expresión/comprensión del lenguaje

Componente fonético/fonológico

Las dificultades fonéticas son una alteración en la articulación de los fonemas, que se manifiesta por las omisiones (no articular un fonema o sílaba), adiciones o inserciones (añadir sonidos que no corresponden a las palabras), sustituciones (articular un fonema en lugar de otro), distorsiones (producir un sonido distorsionado o incorrecto, generalmente como aproximación al fonema correcto) o inversiones (cambiar el orden de los sonidos o sílabas).

La adquisición de una correcta articulación es progresiva; no hay un orden preestablecido, aunque hay fonemas que generalmente se adquieren antes que otros por la facilidad para realizar los movimientos necesarios para producirlos (por ejemplo, /m/, /n/, /p/, /t/, etc., frente a /q/ o /r/). Por lo tanto, existen errores normales o evolutivos que la mayoría de los niños a dicha edad los cometen y no se consideran patológicos. Cuando se produce un retraso en la articulación de uno o varios fonemas se denomina genéricamente dislalia o dislalia funcional; de manera específica, la dificultad para articular cada fonema tiene una denominación diferente (rotacismo, deltacismo, sigmatismo, etc.).

En ocasiones, estos problemas articulatorios son debidos a lesiones o malformaciones de los órganos periféricos que intervienen en el habla (en este caso se denomina disglosia).

Los requisitos para una correcta articulación son un desarrollo adecuado de las praxias bucofonatorias (control en los movimientos de mandíbula, labios, lengua, paladar blando, etc.), la respiración y el soplo.

Las dificultades de discriminación fonológica afectan a la diferenciación de los rasgos sonoros propios de cada fonema. Aunque los diferentes fonemas nos parecen muy diferentes, tienen características en común; algunos niños no diferencian unos de otros y, por tanto, los consideren el mismo sonido. Ante estas dificultades, el niño dirá algunas palabras de manera incorrecta, pero hay que distinguirlo de una dificultad articulatoria.

Componente semántico

La semántica se refiere al conocimiento del significado de las palabras; a nivel comprensivo implica la comprensión de las palabras y, expresivamente, la selección apropiada de estas.

El vocabulario de los niños se centra inicialmente en sustantivos sobre su entorno inmediato y posteriormente hay un incremento significativo de los verbos de acción y los adverbios. El resto de categorías (preposiciones, conjunciones, adjetivos y pronombres) se adquieren más tardíamente.

Este desarrollo condiciona y se ve condicionado por el desarrollo de la morfosintaxis.

Las dificultades en este componente pueden deberse a un reducido vocabulario, con una incorporación lenta o dificultad para asociar el significado a la palabra, o a dificultades en el uso del vocabulario adquirido, que suele centrarse en determinadas clases de palabras o términos relacionados semánticamente, como por ejemplo, dificultades en los conceptos espaciales y temporales. Estas alteraciones generalmente se manifiestan por el uso de etiquetas genéricas o términos vagos (el uso elevado del término cosa o eso), sobregeneralizaciones (usar una término como sinónimo de muchas otras que tienen algo en común), circunloquios (expresar con un rodeo algo que puede explicarse con menos palabras, generalmente porque no recupera un determinado vocablo) y neologismos (invención de palabras). Pueden dar lugar a un discurso entrecortado y ambiguo, con un uso exagerado de gestos.

Componente morfosintáctico

La morfosintaxis hace referencia a la correcta expresión y comprensión de las reglas para formar palabras y oraciones.

Hay una secuencia de adquisición relativamente estable, que se complementa con el desarrollo semántico. Esta evolución hace referencia al número de elementos, complejidad y tipo de oraciones, uso de palabras de diferentes categorías gramaticales, uso de morfemas flexivos en las diferentes clases gramaticales (género/número, persona/tiempo/modo/aspecto), etc.

Las dificultades más frecuentes suelen manifestarse en un desarrollo lento, con oraciones de pocos elementos y estructura simple, en la falta de concordancia género/número y flexiones de los verbos y una organización gramatical inadecuada.

Componente pragmático

La pragmática es un componente muy amplio más allá del lenguaje. Dentro de éste, se refiere al uso social e intencionalidad del lenguaje en determinados contextos.

Aunque abarca muchos aspectos, se puede resumir en los siguientes:

Intención comunicativa: durante las conversaciones, no basta con analizar lo que se transmite literalmente, sino que hay que hacerlo en función de las motivaciones del hablante, metas, etc. Las funciones del lenguaje son las siguientes: instrumental (conseguir cosas), reguladora (modificar las conductas de los demás), interaccional (comunicarse), heurística (saber sobre la realidad), personal (manifestar la individualidad), imaginativa (jugar con el lenguaje), representativa (informar), ritual (expresiones aprendidas) y respuesta (ante preguntas). A todo ello se añade la función no verbal, que refuerzan o amplían el mensaje expresado; dentro de este aspecto no lingüístico destacan los movimientos, miradas, tono, volumen, etc.

Organización del discurso: durante el discurso hay que respetar ciertas normas sociales (como los turnos) y, además de elaborar mensajes correctos lingüísticamente, se deben tener en cuenta otros aspectos sociales, como la cantidad, calidad y relevancia de la información que se proporciona dependiendo del oyente y el modo en que se expresa.

Presuposición en contextos conversacionales/narrativos: para que las conversaciones sean efectivas, el emisor debe adaptarse a la perspectiva del otro y evaluar la cantidad de información que el oyente necesita para comprender el mensaje, además de modificarlo en función de las respuestas del oyente.

2. Tartamudez/disfemia

La disfemia es un trastorno de la fluidez del habla que se manifiesta de maneras muy variadas: con repeticiones de sílabas, palabras o frases, prolongación de sonidos, pausas inadecuadas (dentro de palabras o entre palabras donde no corresponde) o titubeos entre palabras, circunloquios (utilizar más palabras que las necesarias, sustituyendo alguna palabra problemática); en ocasiones se asocia con signos de esfuerzo al hablar, tensión facial o movimientos de alguna parte del cuerpo, ansiedad en situaciones comunicativas o al anticiparlas, conductas de evitación (lo que puede alterar las relaciones sociales) y pensamientos y sentimientos negativos. Estas manifestaciones son involuntarias y varían en distintas situaciones.

Es relativamente común que aparezcan episodios de alteraciones en la fluidez entre los 2 y los 5 años, ya que en estas edades los niños están desarrollando la organización de las palabras en oraciones más complejas y necesitan mayor planificación. En la mayoría de los casos, las disfluencias desaparecen espontáneamente; pero en otros casos, esta dificultad se puede mantener en la etapa escolar y vida adulta. Las disfluencias típicas del desarrollo y aquellas atípicas varían entre sí y una detección temprana es crucial: en los casos de disfemia, los resultados mejoran cuanto menos tiempo transcurra desde el inicio de los síntomas.

Igualmente, hay que hacer un diagnóstico diferencial de los problemas de tartamudez de otros cuadros en los que no se produce un habla fluida por otros motivos, como por dificultades en la planificación del discurso, anomia (dificultad para acceder a palabras), vocabulario pobre, etc.

Se desconocen las causas de este trastorno, aunque se sabe que influyen factores genéticos, dificultades respiratorias y articulatorias, exigencias durante el aprendizaje del habla, situaciones estresantes y alteraciones lingüísticas. Afecta más a los niños que a las niñas (5/10:1) y además en las niñas hay más recuperación espontánea que en niños.

El tratamiento varía dependiendo de la edad. En el caso de niños en edad preescolar generalmente se centra en pautas para los padres. En cambio, en niños en edad escolar hay que poner en marcha técnicas cognitivas y conductuales, además de las recomendaciones para padres.

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